Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

domingo, 27 de abril de 2014

A lo Howard Beale, me tomarán por loco.

Lo siento, no puedo más, estoy harto. Hoy sí voy a escribir, y voy a terminarlo, porque me invade una pesadumbre brutal mezclada con odio. A modo de Howard Beale en Network, hoy quiero decir que estoy harto y que no quiero seguir soportándolo.
Vengo de un barrio obrero donde la educación es terrible, terriblemente mala, donde los que valen de verdad se ganan la vida dejándose el sudor y las lágrimas sobre folios para que luego el niño de papi le quite el trabajo sin haber sufrido en su vida. Vivo en un país donde los chavales crecen con el influjo de la televisión, una televisión que rara vez es buena en su vertiente pública y que es horrible en su vertiente privada, donde todos los canales los llevan los mismos, los mismos que nos gobiernan, que nos dicen qué consumir, cómo y cuánto, es decir, que el peso de los jóvenes de este país lo llevan cinco adinerados ignorantes, que se miran el ombligo y se gastan el dinero en el jurgol los domingos. España es esto: Intereses económicos, jurgol y Semana Santa. Sí, Semana Santa en un país aconfesional, un país que le da una millonada cada año a la iglesia católica y un país que ve como sus niños mueren de hambre, porque a pesar de estar en Europa hay países menos desarrollados que tienen más igualdad que nosotros.
Esto es un teatro, donde unos cualquiera que lo único que han hecho en su vida es mamar tres pollas cobran en dos horas de televisión lo mismo que mi padre en un año y medio. De nuevo, esas pollas que son mamadas son las del amigo del hermano de mi primo el cual tiene el puesto de trabajo porque lo he enchufado y encima me siento orgulloso. Esto es una sociedad incívica por completo, que si te ve robando te toma por un héroe y que si te ve donando te toma por un tonto. Una sociedad que sólo piensa en salir los findes a meterse quince copazos entre pecho y espalda para luego terminar vomitando los higadillos en cunetas de pueblos perdidos de la mano de dios. Encima, para poner la cosa más peliaguda, estoy estudiando un grado donde los chavales aparentan, se preocupan por su peinado antes que por sus estudios, se ríen de todos gastándose al mes lo mismo que mi familia y encima se quejan. Tienen el puto valor de quejarse, cuando no tienes ni vocación ni tienes nada, cuando eres un tiro de mierda sin media hostia, que te sueltan en mi barrio de noche en mi calle y te cagas encima.
Y al borde del cierre de mi universidad prefieren tocarse la polla y que vayamos los demás a gritar por ellos. Harto, estoy hasta la polla de luchar por un sueño y que intenten pisotearme, y aunque me los quite de encima vengan más, y otros tantos zotes que entorpecen todo y a todos. Es una rabia más pura que cualquier otra que haya podido sentir en mucho tiempo, y es tan sencillo como salir un día a la calle en esta ciudad, leer un par de veces las redes sociales y ver, comprobar, con tus propios ojos, todo, lo mal que huele el ambiente, no sólo por los sobacos sin duchar del metro, sino todo, en general. Los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, que hasta tengo que pensar en las conspiraciones para sentirme un poco mejor, y aun así sigo, me quejaré y sigo adelante, porque esto, esto y no otra cosa es lo que me da fuerzas para seguir. He salido de la enfermedad, de las lesiones, del fracaso, de la soledad, del dolor, del engaño, del miedo y aquí estoy, a pesar de todo sigo mi camino, el cual quiero que dependa de mí, y lucharé por mí y por los míos hasta que me metan en un bote de cerámica horroroso y me pongan encima de la televisión, la misma televisión que atonta a todos y nos deja amaestrados para que los políticos nos puedan utilizar después y nos roben una libertad que es inexistente, en un mundo donde cuenta más el que más likes tiene en la foto del Facebook y el que más subnormal demuestre ser.

Madre mía, que bien me he quedado, después de esto soy un hombre nuevo.


Que os jodan.