Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

sábado, 7 de diciembre de 2013

El amor.

Creces, conoces una chica, tu vida cambia por completo y piensas en ella, recuerdas su sonrisa y el olor de su pelo hasta que te das asco a ti mismo por lo jodidamente baboso que te estás volviendo, recapacitas…entonces en un momento de presunta lucidez te da por pensar que quizá no deberías perder el tiempo pensando en ella.

Sales por la mañana de casa, desayunas, vas a pagar y te das cuenta de que una larga melena de ese color que tu llamarías castaño pero ella llama cobrizo está justo dos mesas más atrás, y de nuevo recapacitas…en otro gran momento de lucidez piensas que quizá hagas lo que hagas siempre vas a volverte un poco loco al ver esa melena.

-Yo tengo una vida, tengo una familia, unos amigos, tengo aficciones y sueños- repites una y otra vez en tu cabeza incesantemente aún sabiendo que te estás enamorando y que todo tu mundo va a cambiar y que nada podrá deshacer ahora ese cambio- ¿De verdad ella? ¿De verdad ahora?- Sí amigo, sí, tú no lo elegiste pero sí, ella y ahora. Circunstancias muchas, tanto las tuyas como las suyas, las que llevan a un pobre chaval como tú a enloquecer por lo que nunca pensaste que enloquecerías.
En el colegio eras normal, jugabas al fútbol, sacabas buenas notas, merendabas sandwiches de nocilla. En el instituto bebías cerveza, fumabas porros, te masturbabas una o dos veces al día, vamos, lo normal. En la universidad sales de viaje, tienes un grupo de música y te gusta ver la fórmula uno con tu padre.
Pues todo eso ahora no importa, no es más que la trivialidad de la que eres esclavo y te ha llevado ante la chica que nunca imaginaste pero que ahora existe, y está ahí, amiga de un amigo que conociste por otro amigo, ese con el que de pequeño jugabas al fútbol, con el que de adolescente bebías cerveza y con el que de jóven te vas de viaje. Todas esas bobadas que para tí jamás tuvieron sentido ahora lo tiene y con nombre y apellidos.

El amor.

El amor, oh que bonita palabra, palabra que sólo escuchabas en las películas y en las canciones de ese asqueroso grupo de pop que tanto odias. Amor. ¿Era eso amor? ¿Es amor entonces saber cual es su canción favorita, su color favorito, sus zapatos favoritos, su escritor favorito y hacerte pajas pensando en ella? ¿Es eso lo que llaman amor? ¿Qué cada estúpida e insignificante cosa de ésta tu miserable vida te recuerde a ella? Puede…

Entonces pagas ese desayuno, vas dos mesas más atrás y te sientas con ella, y antes de decir la primera palabra ya te has fijado en sus ojos, sus manos, sus dientes y en sus tetas.

-Ey hola ¡Cuanto tiempo!
-Vaya vaya ¡Qué bien te veo¡ ¿Qué tal? ¿Qué haces por aquí?
-Estaba desayundo te he visto y me he dicho, tiengo que saludarla. Venga va te invito a un café.
-No no, no importa, si mi novio está al caer, que hoy hacemos dos años y me va a invitar él.
- …
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo? … ¿Hola?


El amor.