Para todos aquellos hartos de novelitas crepusculares

lunes, 29 de abril de 2013

Yo no. Ella si. Tú también.


Mi vida ha cambiado.
Si cada otoño el árbol empieza a perder todas sus hojas, en primavera comienza a florecer, y así lleva pasando ya un tiempo.
El yugo ha cedido con la presión, ha terminado de romperse la cuerda para así no volver durante un tiempo. Ahora soy libre, pero anclado de nuevo a otro destino. Más puro, más real.
Mis metáforas y símiles siguen siendo los mismos, pero cobran cada día más sentido, al ver sus caras y al compararlas con la mía, mustia, pero real, que por dentro está exultante de demostrar de lo que es capaz.
Ya no convivo con el miedo, con tu miedo, ya no. Ahora convivo con una mayor frescura y una menor responsabilidad. Puedo ser yo mismo, no controlar mi impulso de destrozar todo lo que conozco a base de palabras y sermones semivacíos.
Ahora arranco de mi alrededor todo para formarlo en mi mente y soltarlo impunemente sin que me importe absolutamente una mierda lo que dicen o dirán o pensaran o piensan.
No, no soy como ellos, jamás lo fui, salvo el canon, disfraz antes los ojos vagos e ignorantes que no supieron mirar más allá. Ellas lo saben, no sólo lo supieron si no que lo saben. Saben, de lo que soy capaz.
Mi boca es de gatillo fácil, lo saben, pero de palabras firmes, siempre, que no me van las medias tintas ni las gamas de grises rasgados, que lo mío es blanco o negro y que rara vez me dejo caer si no es para recoger lo sembrado.
Ya no entiendo de creencias, de seres astrales, no entiendo, jamás. Burlo e ignoro por completo ese mundo. Siento la preocupación de los míos al pensarme loco, al no verme acorde a esta sociedad, pero a sabiendas de que si en verdad quisieran mi cuerpo ya se lo habrían llevado. Mi cuerpo, con esta mente retorcida para bienes y no tan bienes del prójimo o vete tú a saber quién.
Que ni en la madrugada, compañera de mil batallas, sigo sin saber que escribo, pues me invade este ritmo, me posee el profundo yo, ese que sólo tú y tú conocéis, y que ni mi sangre conoce, y que ni mi carne conoce salvo por las cicatrices visibles.
En el estado del duermevela vivo hasta terminar de florecer, incubando mis colores y mis lenguajes, que la oportunidad ya está cerca y es cuando explotaré en arte. Del arte nazco y en arte me convertiré, por gracia de ningún dios y por desgracia para él.
Pienso pues, este no es mi mundo, esto no es mi lugar, es una mera ilusión del mero azar, congelado en el tiempo sin más, sólo deseo hacer perdurar mi nombre en la eternidad, ya sea en un suelo una pared, unos ojos una piel, que ya lo hice pero quiero seguir demostrando lo que puedo llegar a ser en una vida.
Y ya divago, sin sentido ni rumbo, pero más firme que nunca hacía la salvación, hacía esos pequeños detalles soñados. El calor de un hogar más cercano que nunca dentro de mí, sabiendo que soy quien creo ser, pues si me equivoco ya es demasiado tarde como para dar vuelta atrás, y voy a muerte, como siempre a muerte.
Que no se acabe, que no decaiga, viviré en una eterna noche de la cual soy hijo y esclavo, a la cual sirvo para hacer llegar al mundo todo esto, y a la cual demuestro el lado más oscura del ser humano, y el más sincero de una persona, capaz de lo mejor y de lo peor, retratada en letras, aprendidas únicamente en el asfalto y no en ninguna clase.
No sería yo ni lo soy cuando me contradigo, cuando no escalo por que no llego a nada y me mantengo en un mismo plano. No es mi estilo, salvo el jugar con las posibilidades que se me brindan. Adiós, adiós que ha cambiado mi vida. Adiós.

MSBWY

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